Resumen
Numerosos estudiosos consideran que los derechos y las oportunidades modernos corren el riesgo de ser revertidos por movimientos políticos fascistas, autoritarios, etnonacionalistas y otros movimientos tradicionalistas. Así, el momento histórico actual se describe como un contramovimiento regresivo frente al progreso anterior (es decir, reacción política, declive o retroceso democrático). Sin embargo, el modo en que se manifiesta el cambio social se ve afectado por los marcos temporales elegidos, las trayectorias atribuidas y las direcciones preferidas. Por ello, ofrecemos una visión alternativa del cambio social como la continua evolución dinámica de un sistema de sistemas (políticos, culturales, sociales, lingüísticos, económicos, psicológicos). En una segunda sección, tras una panorámica introductoria, explicamos las limitaciones de conceptualizar el cambio social como épocas discretas de retroceso o progreso lineal, utilizando como ilustraciones el autoritarismo y el racismo, así como la polarización política en «cámaras de eco». En una tercera sección, esbozamos un marco metateórico general para comprender el cambio social, en parte mediante la discusión de la evolución social dinámica en términos de tiempo relativo y movimiento constante. En una cuarta sección, abordamos brevemente los métodos de estudio más apropiados. Concluimos con una invitación a emplear la evolución dinámica de los sistemas para examinar una diversidad de cambios sociales de interés para la psicología.Ideas clave
- Leach et al. (2026) sostienen que etiquetas populares como «retroceso democrático», «reacción» (backlash) o «regresión» resultan engañosas, porque presuponen que la historia avanza por una senda única y lineal de progreso que ahora estaría invirtiéndose. En su lugar, los autores proponen concebir el cambio social como la evolución continua y no lineal de un «sistema de sistemas», en el que ideologías como el autoritarismo, el fascismo y el racismo nunca son simples retornos «antiguos» del pasado, sino que siempre se rehacen en formas nuevas (p. ej., el MAGA mira simultáneamente hacia adelante y hacia atrás).
- La polarización política se utiliza como estudio de caso central para mostrar que el cambio es intermitente y no constante. La votación en la Cámara de Representantes de EE. UU. se polarizó marcadamente solo en la década de 1980 y mostró escaso incremento adicional después de 1995, mientras que los datos del Pew Research Center de 1994 a 2015 revelaron que republicanos y demócratas divergieron de manera drástica en un único intervalo de cuatro años (después de 2011). El artículo también argumenta que las «cámaras de eco» constituyen una explicación más débil de lo que comúnmente se supone, puesto que la polarización intragrupal tiende a ser modesta y la influencia social por sí sola no parece bastar para producir cámaras de eco.
- Cuánto cambio se «ve» depende por completo del marco temporal que se elija. Basándose en Krus y Blackman (1980), los autores señalan que contabilizar las guerras entre 1480 y 1945 año a año no reveló ningún patrón estadísticamente significativo discernible; con intervalos de 20 años «se mostró» un patrón cíclico, y con intervalos de 100 años «se mostró» un incremento lineal. De modo similar, la desigualdad de ingresos en EE. UU. aumentó solo ligeramente (coeficiente de Gini de 0,40 en 1967 a 0,48 en 2011), pero esta aparente estabilidad enmascara un cambio constante y contrapuesto bajo la superficie.
