Resumen
En su comentario sobre el número especial Acculturation Reimagined, Berry (2025) cuestiona nuestra propuesta de que la investigación sobre aculturación podría beneficiarse de una perspectiva evolutiva, sugiriendo que dicha perspectiva ya está bien establecida. En esta respuesta, reconocemos que las ideas evolutivas han formado parte durante mucho tiempo de la investigación sobre aculturación y no reclamamos originalidad por introducirlas. No obstante, sostenemos que el mero reconocimiento del valor de los enfoques evolutivos, la cita de teorías evolutivas clásicas o la utilización de diseños longitudinales no permite aprovechar todo su potencial. De hecho, uno de los conceptos erróneos más graves en el campo es la suposición de que medir a los individuos en múltiples puntos temporales equivale a adoptar una perspectiva evolutiva. En cambio, el siguiente paso, tan necesario, es una perspectiva genuinamente evolutivo–aculturativa con una integración conceptual y metodológica explícita, una que capte la continuidad y el cambio a lo largo del ciclo vital y sitúe la aculturación dentro de consideraciones evolutivas más amplias. Nuestro artículo desarrolla tales conceptos evolutivos e incluye, por ejemplo, cómo las etapas evolutivas y de aculturación están entrelazadas o cómo puede conceptualizarse el tiempo en los procesos aculturativos. Ilustramos cómo pueden implementarse dichas consideraciones en la investigación sobre aculturación, con el objetivo de un trabajo empírico más integrador que promueva una comprensión más profunda de los procesos de adaptación cultural a lo largo del ciclo vital.Puntos clave
- Este comentario distingue con firmeza entre la mera recogida de datos longitudinales y una perspectiva genuinamente evolutivo–aculturativa, argumentando que la medición ordenada en el tiempo por sí sola no constituye ciencia evolutiva. Al centrar el desarrollo como una lente conceptual en lugar de una etiqueta metodológica, los autores reposicionan la investigación sobre aculturación dentro de marcos del ciclo vital, basados en tareas y sensibles al contexto, en vez de modelos simples de etapas o trayectorias.
- Jugert y Titzmann proponen un concepto ampliado del desarrollo a lo largo del ciclo vital para reconceptualizar la aculturación como un proceso heterogéneo, no normativo y potencialmente no lineal. Esta lente más amplia destaca cómo las tareas evolutivas específicas de la edad y las transiciones de fase interactúan con la adaptación cultural, explicando por qué niños, adolescentes y adultos siguen diferentes trayectorias aculturativas y por qué los modelos universales de etapas (p. ej., la curva en U) son teóricamente insuficientes.
- El comentario propone herramientas evolutivas concretas —como el ritmo de aculturación y los diseños insertos en las etapas de la vida— para orientar el trabajo empírico futuro. Estos conceptos no solo refinan cómo se teorizan las trayectorias de aculturación, sino que también informan decisiones sobre el espaciamiento de las evaluaciones, los grupos objetivo y el modelado de la continuidad y el cambio, operacionalizando así el principio de especificidad en la ciencia de la aculturación.













